miércoles, 23 de agosto de 2023

La mamá de nuestra Literatura Infantil: Lucía Amelia Cabral

 


El hecho de que Lucía Amelia Cabral naciera en Argentina no es casual para mí, cazadora de detalles. Cierto que sus padres eran diplomáticos, cierto que ella es auténticamente dominicana; de una familia de amplias raíces en la historia de nuestro país. Cierto que pone sillas de guano, personajes maromeros y panes de agua filósofos en sus historias, que no pueden ser más caribeños y sus cuentos están llenos de mares por descubrir.

    Pero Argentina es brillante en su cultura, como la plata, como el plenilunio. En ese país moran las hadas que he querido invocar al lugar de admiración de María Elena Walsh, Elsa Bornemann; María Cristina Ramos, María Teresa Andruetto, Graciela Cabal y tantos que podrían llenar un directorio. Pero todos comparten con nuestra Lucía Amelia la utilización del lenguaje figurado. Utilizan las figuras del pensamiento con maestría. No dejan ninguna duda de que están haciendo literatura desde la concepción de la idea hasta la puesta en blanco y negro de las palabras. No tienen el menor asomo de didactismo. No les quita el sueño la moraleja y sin embargo... ¡Cuánto enseñan!

    Claro, un crítico dirá algo con relación a la estética y me echará un discurso sobre la belleza mientras sigo cazando los hechos que sostienen mi interés, la novedad que me hace volar tras las palabras y la originalidad que me sorprende con sonrisas.

    Lucía Amelia Cabral escribió HAY CUENTOS QUE CONTAR antes de 1977, año en que fue publicada la obra. Son catorce cuentos o narraciones preciosos que ganaron premio y aplausos y que me gustaría muchísimo ver en manos de niños y niñas actuales. Algún libro de lectura ha captado uno o dos de estos cuentos, pero no se puede comparar el placer de la lectura personal con una lectura obligatoria.

    Confieso mi desventaja. He leído y gozado estos cuentos cuando mi infancia es un estandarte imaginario en el que me refugio de la vida normal. Tengo mil pretextos para salvaguardarla de la madurez. Tal vez por eso escribo cuentos y todo lo que puedo en nombre de la lírica (si de sacar sentimientos se trata) y tal vez por eso colecciono cuanto libro bonito para niños y jóvenes me pasa por los flancos, el frente o la retaguardia. ¿Cómo «crecer» si hay tanto que soñar?

    Este sentir mío me ayuda a confirmar que el entusiasmo se contagia. Mi placer por la lectura y la fantasía ha marcado a mis hermanos menores y ahora a mis sobrinos. Y hablo de mí porque es tan profunda la huella que marca la lectura en los primeros años que no puedo dejar de insistir cuando observo que hay tanto libro bueno alrededor al que no se le saca provecho. HAY CUENTOS QUE CONTAR de Lucía Amelia Cabral es uno de ellos. Lamentablemente, ediciones agotadas.

    Lucía Amelia ha comprobado en Portugal, en la Feria de Lisboa que la calidad de su obra ha moldeado vidas. Una madre criolla que ahora es cónsul en la Embajada dominicana en esa preciosa y mágica ciudad, casada con un portugués y preocupada porque sus dos hijas no perdieran el idioma español, llevó consigo en 1977 un ejemplar de la obra y ahora, en 1998, Lucía Amelia fue invitada por Unión Latina de Lisboa a dar una conferencia que se convirtió en coloquio. Enfrentada a so narradores portugueses que manejan la literatura infantil y juvenil desde la educación, vio surgir de entre el público a una familia de padre, madre y dos hijas de veintitantos años, dando su testimonio por amor por el Dr. Helecho, por Gabino el caballito que sale a trotar mundo y su fe en el vuelo alto de la chichigüa. Este libro, esta autora, amarraron lazos con el idioma materno y ya nunca lo desataron.

    Lucía Amelia Cabral, escritora por vocación y formación, prueba desde su camita de ajonjolí que una silla de guano y un burro, dos lindas muñecas y dulces criollos son el almíbar feliz en que la fantasía y la ilusión tienen sabor a canquiña cibaeña.

    Porque en 1977 Lucía Amelia dio a luz la Literatura Infantil dominicana, es la «mamá» del género en República Dominicana. Sí. Hay otros escritores, pero Lucía Amelia es la que escribe con toda la intención y cumple con todos los requisitos que ayudaron a «profesionalizar» un oficio que se ha ejercido antes por encargo, con fines didácticos o de casualidad.

    Es a partir de Lucía Amelia Cabral que otros escritores importantes empezaron a considerar que escribir para niños no era cosa sin importancia.

Leibi Ng

(Publicado originalmente en LA NACIÓN en 1998)

martes, 17 de mayo de 2022

Realidad y perspectivas de la literatura infantil en la República Dominicana (1997)

Rafael Peralta Romero

La realidad de la literatura para niños en la República Dominicana nunca ha sido grata. La literatura general tampoco ha disfrutado del esplendor deseado, pues los hijos de una familia no vivirán otra realidad que aquella que le determine su condición social. Quiero decir que los apuros y estrecheces para su divulgación e inserción en la conciencia nacional afrontados por nuestra literatura, son transferidos por vía sucesoral a la literatura infantil, mal considerada por algunos como literatura menor, cuando en verdad se trata de una literatura para menores.

A la falta de mercado y de apoyo editorial que caracteriza a nuestra literatura general, se unen dificultades particulares cuando se trata de la creación literaria para los niños.

Los padres conscientes de sus responsabilidades y sobre todo si su estatus económico se lo permite, llevan cuenta de la alimentación del niño, de cuándo le tocan las vacunas, de su cumpleaños y de dotarlo de juguetes. Pero la mayoría ignora que también tienen el deber de iniciarlo en la lectura y adquirir para él los materiales necesarios, además de ayudarlo cuando la edad lo requiere.

Durante mucho tiempo los maestros de la educación básica han desconocido la existencia de libros escritos para niños en nuestro país y por tanto no pudieron hacer uso de ellos en sus programas de incentivo a la lectura. La situación prevalece en muchos casos.

De modo que los dos principales agentes de comunicación directa con el niño (padres y maestros) no han tomado en cuenta un factor clave para el desarrollo intelectual de éste, tanto como para el disfrute de momentos de placer espiritual.

Esta actitud se ha querido amparar en la presunción de que no hay producción literaria infantil, pero la verdad es que la creación de textos infantiles es en nuestro país relativamente reciente, pero sólo en los últimos 27 años, desde la publicación de «Bazar de Juguetes», de Armando Oscar Pacheco, han sido impresos cerca de un centenar de libros, mientras que Miguel Collado en sus apuntes sobre libros dominicanos, registra más de esa cifra.

¿Cuántos libros de lengua española de la educación básica han usado como complementos ilustrativos y de refuerzo los cuentos y poemas de nuestros autores? La realidad indica que muy pocos, aunque afortunadamente revela también que este aspecto comienza a cambiar.

Quienes formamos parte del Círculo de Escritores de Literatura para Niños y Jóvenes comprobamos cada día la frecuencia con que aparecen cultivadores de géneros infantiles, muchos de los cuales cargan la ilusión de hacer realidad la publicación de sus creaciones o habiéndolo hecho por su propio esfuerzo procuran salida para la mercancía.

Desde los púlpitos católicos se proclamaba una vez, cuando yo era niño, que «la familia que reza unida, permanece unidad». ¿Por qué no extender la sentencia para que se tome conciencia de que la familia que lee unida, se desarrolla y permanece unida? Pero la falta de hábitos de lectura en la familia conlleva que el niño desarrolle otras preferencias, de acuerdo a su clase social, y no la lectura.

En cualquier país, señores, y no necesariamente de Europa, la literatura para niños es asunto de interés público y social. Es materia de estudio para las universidades y para las entidades comprometidas con la producción y divulgación del conocimiento. Aquí, todavía no se ha escrito la historia de su congoja, para decirlo con versos de Norberto James, con excepción de los pasos dados por Miguel Collado, la profesora Fiume Gómez que prepara una antología y la persistente labor de Margarita Luciano y Eleanor Grimaldi.

Si a los elementos señalados, adicionamos la desaparición de la vieja costumbre del cuento oral, que durante siglos copó la atención de generaciones de niños, es para albergar el temor de que nuestros niños se están quedando sin derecho a la imaginación. Un ser por cuyo interior no circule la fantasía, un ser despojado de la capacidad de transitar mundos, diferentes al que pisa, podrá ser biológica o cronológicamente niño, pero un niño trunco e incompleto.

Los aspectos que he señalado sobre la realidad que caracteriza a la literatura para niños, justifican colocarla en un panorama sombrío. Pero no escaparía yo al estigma de injusto si lo dejo todo ahí. Si no digo que últimamente vienen ocurriendo algunos cambios que llenan de esperanzas a todos quienes hemos fijado nuestra atención en el quehacer literario para niños.

Vale citar el referido estudio recopilador que prepara la profesora Fiume Gómez, profesional de larga experiencia en la enseñanza universitaria, que ahora dedica sus esfuerzos a esta rama literaria.

No menos importante resulta el funcionamiento de bibliotecas infantiles, las cuales constituyen necesarios espacios abiertos para hacer que el libro infantil llegue a su público y que por tanto se consuma el hecho literario, iniciado con la creación por parte del autor.

En el año 1977, el desaparecido Banco Condal convocó a un concurso de literatura infantil cuya impronta permanecerá largamente. ¿Qué no habrá de pasar cuando el Estado dominicano otorgue el premio anual de literatura para niños, como viene ocurriendo desde hace décadas con las demás vertientes literarias?

Se trata, señores, de que el Presidente de la República anunció durante la pasada Feria Nacional del Libro la institucionalización de ese premio. Ello permite vislumbrar un empuje considerable para las obras literarias destinadas a los infantes.

Insistiendo en la importancia de los maestros de la educación básica como canal para acercar la literatura a los niños, debe resultar una magnífica perspectiva el saber que cientos de maestros de nivel primario que reciben formación universitaria mediante un programa Gobierno-UASD-EDUCA, cuentan como parte del programa de enseñanza con la asignatura Literatura Infantil, con lo que la misma se acentúa en la condición de requisito curricular.

El interés prestado por diarios nacionales para incluir en sus ediciones suplementos destinados los niños en los que se incluyen textos literarios, parece señal alentadora para esclarecer el penumbroso ambiente en que se ha desarrollado nuestra creación literaria destinada a los niños. Otras publicaciones dirigidas a los «locos bajitos» resultan estimulantes para los creadores.

La celebración misma de este coloquio es indicativa de que se forja un futuro de otro color para la actividad literaria destinada a los niños, si bien marchamos muy a la zaga de países como Argentina y Cuba, por ejemplo, en cuanto a tratamiento a la literatura para niños.

Llega la hora de terminar. Pero no puedo hacerlo sin señalar como elemento favorable el entendido de que la persona que se dedica a escribir para niños asume un doble compromiso. Primero ser escritor, con todo lo que ello implica y en segundo lugar, desarrollar un lenguaje y una sensibilidad que permitan tomar el corazón de los seres más dignos de aprecio y respeto sobre la tierra. Federico García Lorca, José Martí, Horacio Quiroga, Gabriela Mistral, Nicolás Guillén, Carmen Natalia, Aída Bonnelly de Díaz y Marcio Veloz Maggiolo, son ejemplos elocuentes.

Estimo no lejano el tiempo en que el Estado acoja como proyecto formal y hasta político el apoyo a la creación y difusión de la literatura para niños. Que los padres y madres entiendan que ellos han de ser los primeros recipiendarios de la obra infantil, para que luego llegue a los niños. Que la familia incentivará la lectura como gozo, disfrute paralelamente con los juguetes y que entonces los libreros y editores buscarán el libro infantil como objeto de comercio.

No sé si con estas visiones me estoy volviendo niño, pero después de todo, quien no se hace como niño, está escrito, no entrará al reino de los cielos.


Rafael Peralta Romero

Especial para Tertulia

sábado 18 de octubre de 1997


jueves, 16 de mayo de 2019

PALABRAS DE LEIBI NG EN LA PUESTA EN CIRCULACIÓN DEL LIBRO LOS NIÑOS Y LAS ARTES DE AÍDA BONNELLY DE DÍAZ



Distinguido público: Concurrimos hoy, a la puesta en circulación de un libro que conocí de las manos de su autora en estado primigenio y que con solo hojear sus páginas, capté el mensaje y disfruté de su lectura, como lo hicieron los niños al escuchar por primera vez, aquellas narraciones y poemas clásicos, que a través del tiempo nos han hecho sonreír, vibrar y suspirar.
“Dadnos libros —dicen los niños—, proporciónanos unas alas”, así lo confirma Paul Hazard, académico francés, tejedor de una relación panorámica de la literatura para niños.
Me refiero también, a aquellos niños que vibraron con José Martí en La Edad de Oro y en sus versos: “cultivo una rosa blanca, en junio como en enero, para el amigo sincero que me da su mano franca”.
Y los niños que inadvertidamente, han disfrutado de la lectura de un grupo de dominicanos que se han preocupado por el desarrollo de la literatura para niños: El grupo Pedro Henríquez Ureña, al que también pertenece doña Aída.
Y así, podríamos continuar y citar a Platero y otros libros para niños escritos por personas que han entendido que cultivar en el niño la simiente de la sabiduría, es ofrecerles la oportunidad de edificar sus vidas al calor de un sano y auténtico placer.
El libro que hoy les presento: “Los niños y las artes”, de la talentosa escritora y pianista dominicana Aída Bonnelly de Díaz, es producto de una faceta más que ella exhibe, es el despertar de un anhelo por transmitir a los infantes conocimientos y alegrías, de forma amena y sencilla, expresados en las diferentes formas del arte.
Ella nos muestra cada renglón del arte utilizando palabras enriquecedoras con figuras literarias, como cuando nos dice: “entre burbujas de agua susurraba agradables sonidos”, “se mecía al ritmo de la brisa”, “al cruzarse la mirada azul de Rubio, con la mirada café de Toribio”, y en otras frases que encierran enseñanzas éticas como: “la nobleza de conducta y la comprensión que ofrecemos a los amigos y conocidos”,
En esta obra, vemos como doña Aída juega con la fantasía estableciendo un equilibrio entre la misma realidad, acomodando sus intenciones con escenas cotidianas que mezclan la narrativa que nos recuerda a los escritores regionalistas con una visión amplia, de actualidad y enriquecedora, que abarca no solo caracteres humanos y artísticos, sino añoranzas de la vida del dominicano ausente, y mezclando con gusto estético, conservando una adecuada intención didáctica, bien hilvanada, que ayuda a nutrir la imaginación infantil y los lleva a conocer en forma amena lo que nos transfiere el lenguaje creador de la música, pintura, teatro, escultura, literatura y arquitectura.
Nosotros, preocupados por el desarrollo de este género que fomenta la imaginación, la fantasía y la facilidad de expresión, como lo es la literatura infantil, saludamos este esfuerzo creativo, válido, que aporta un ingrediente hermoso y necesario a la bibliografía dominicana.
Estamos seguros de que este libro hará a los niños y adultos, vibrar al unísono de lo que llama doña Aída, el lenguaje de las Artes. Felicitaciones a ella por su aporte a este género que coadyuva en el desarrollo de la fantasía, el vocabulario y la imaginación creativa de los niños dominicanos.

Disfruten de su contenido.

Leibi Ng
1992


Aída Bonnelly de Díaz nació en la ciudad de Santiago de los Caballeros. Está casada con el reconocido escritor y abogado Virgilio Díaz Grullón, con quien procreó dos hijos. En 1949 se diplomó en el Juilliard School of Music de Nueva York, con una especialización en piano. Después realizó estudios en París, Francia y del 1961 al 1971 hizo cursos musicales de postgrado en la Universidad Católica de Washington. Doña Aída Bonnelly de Díaz desempeñó las funciones de Co-Directora Artística del Teatro Nacional desde 1973 hasta 1978. En esta posición, fue notable su labor de promoción a los jóvenes valores del arte. De 1980 a 1983, fue Directora Artística. A ella debemos la creación de la funcional Sala de la Cultural del Teatro nacional. Después de un período en el cual se dedicó a la enseñanza de piano a nivel avanzado, fue nombrada nuevamente Directora Artística del Teatro nacional, cargo en el cual permaneció hasta su renuncia en julio de 1990. La dedicación de Doña Aída Bonnelly de Díaz está representada en su obra. Ha publicado mil quinientos artículos sobre crítica musical y temas artísticos en el Listín Diario, además de seis libros que son: En Torno a la Música, obra que ganó el Premio Nacional en el renglón Didáctica en 1978. Testimonios del Canto y las Palabras, 1980. Síntesis de la Historia de la Música Dominicana, 1980. Variaciones, 1984 (obra narrativa). Retablo de Costumbres Dominicanas (1991) y Los Niños y las Artes, obra que hoy tienes en tus manos, escrita especialmente para ti para aprender a amar y valorar las artes, tal y como las ama y valora Doña Aída Bonnelly de Díaz.

Contraportada de la obra
Impresa en Editora Alfa y Omega

miércoles, 8 de marzo de 2017

lunes, 26 de enero de 2015

LUCIA AMELIA CABRAL Y LA LITERATURA INFANTIL

Por Leibi NG para Listín Diario. Gratitud a Marianne de Tolentino.

Portada de la primera edición de El Camino de Libertad de Lucía Amelia Cabral y Milán Lora.

Lucia Amelia Cabral ha puesto en el Mercado dominicano tal vez el mejor libro que se haya “manufacturado” para el público comprendido entre los 10 y los 99 años, en la historia de la literatura infantil y juvenil dominicana. El Camino de Libertad,  con hermosas ilustraciones en acuarela del arquitecto y artista Milán Lora Gómez  es sencillamente una joya que se venderá a RD$150.00* pero cuyo valor transciende cualquier precio. Aconsejo cuidar los gestos cuando lo estén leyendo en público porque no hay más remedio que sacar la ternura, la fe y la admiración frente a la aventura de unos personajes que abrazan el símbolo con seguridad poética al hacer un recorrido de roce estético.

En términos gráficos, ya teníamos pruebas del concepto editorial de Lucia Amelia Cabral con la salida de Chivi, Cien Adivinanzas Nuevas y Mi Vaca de Retahílas, ambos de Brunilda Contreras, dos libros preciosos, pero El Camino de Libertad  adquiere una categoría distinta.

Ha sido tanto el cuidado que la escritora ha puesto en esta creación suya que me da argumentos para sostener lo que empecé con motivo del lanzamiento del libro de Lorelay Carrón, Jinete de Nubes, cuando trataba de explicar la trascendencia de las ilustraciones en el libro de  LIJ  y la capital importancia de lo que nosotros llamamos diagramación, los españoles maquetación y otros países proyectación gráfica.

El Camino de Libertad deja claro que un matrimonio texto-imagen es absolutamente imprescindible para que el libro dedicado a niños y jóvenes reciba un tratamiento de objeto de diseño. Lucia Amelia crea una historia en prosa lírica que da lugar al vuelo de la imaginación, permitiendo un tiempo de paz y armonía en cada una de sus oraciones distintas, a veces rimadas: La alegoría es un entretenido juego de conducción hacia el mensaje definitivo, en un viaje lleno de gracia e inteligencia. Me pregunto si esta autora dominicana se acercará a la hazaña de Antoine deSaint-Exupery con El Principito, una obra “infantil” que no es sino una obra profunda, cargada de significados y símbolos en forma de parábola o alegoría.

En el momento en que Lucia Amelia nos mostró una prueba de su libro comprendí su perfecta visión del libro dentro de la LIJ como un concepto integral. Hay muchos espacios en blanco pero están dispuestos  para “dar aire” al texto, como decimos en artes gráficas. Además, este libro se iba “contando” mientras se unían la industria con la literatura. Y por otro lado, todo el que haya leído cuentos (en voz alta) con el libro en la mano sabe lo que significa terminar una frase en una página y paralizar la voz en lo que llegamos a la otra. Por lo tanto, la oralidad ha cumplido su papel en este proyecto que permite precisamente “libertad” a la sonoridad de las palabras.

¿Son precisiones de perfeccionistas? ¡Que bueno! Finalmente empezamos a delimitar las exigencias del libro de LIJ y por lo menos se traza una línea definitoria entre lo que es y lo que debe ser. La ilustradora cubana, especializada en LIJ,  Miriam González Giménez expresó al ver esta obra: “¿Pero que les vinimos nosotros a enseñar? Está precioso”. 

Lucia Amelia dedico tiempo a esta obra aplicándose a sí misma la fórmula de recreación: el ser humano no es nadie sin esperanza, la esperanza que tal vez alcance lo que anhela a través del esfuerzo y de la perseverancia. Perseverancia que verá coronados sus afanes a través de un espíritu libre. Libertad que impulsa con firmeza el amor que ansia y necesita toda la humanidad para ser plena.

El Camino de Libertad no podía sino laurearse como un paradigma para las letras dominicanas, especialmente para la LIJ, por lo que me permito decretar: 

*A partir de ahora, queda consignado que el libro de LIJ es realmente un objeto de diseño.

*Que los literatos deben formar estrecha unión con los diseñadores gráficos, ilustradores o dibujantes (si tenemos suerte con el artista plástico) para dar forma al proyecto porque ambos serán coautores de la obra y está claro que de la unión que se obtenga de letras e ilustraciones saldrán múltiples lecturas.

*Que el mercado del libro de LIJ está profundamente ligado a la familia, la escuela y las instituciones culturales y estas instancias deben unir esfuerzos en su difusión y distribución.

*Que el libro de LIJ en la República Dominicana es instrumento de disfrute y formación estética e intelectual de larga vida que beneficia a generaciones por lo que será un error calificarlo de objeto de consumo.

Finalmente, lo dije y no me equivoqué: Cada libro de literatura infantil y juvenil publicado en los últimos años ha sido un compromiso de su autor e ilustrador por superar al anterior en una sana competencia que nos coloca en el mapa de la buena literatura infantil y juvenil ¡Gracias a Dios!


*DOMINGO 30 DE MAYO DE 1999

NOTA: Me acuso de no mencionar al arquitecto Milán Lora, autor de las ilustraciones. Sencillamente, ellas hablan por él y por todo lo que lo admiro. Leiby Ng

domingo, 21 de septiembre de 2014

Dunga y la hormiguita: doce cuentos de Luisa Comarazamy

La autora, Leibi NG, a partir de los valores universales de la literatura infantil, comenta el reciente libro de Luisa Comarazamy “Dunga y la hormiguita”, obra creada con el fin de entretener a la niñez y juventud dominicanas.
Luisa Comarazamy

Dentro del Círculo Dominicano de Escritores para niños y jóvenes, he tenido el honor de ir “Por la ruta de los soles” de la mano de Brunilda Contreras y luego me elevé igual de alto en “Vuelo de amigos” con nuestra querida Aída Bonnelly de Díaz. Ahora, por los lazos del oficio y de la amistad que me unen con el licenciado Miguel Collado, la licenciada Fiume Gómez y del doctor Diómedes Núñez Polanco, me encuentro con el abrazo de bienvenida de Luisa Comarazamy tras un viaje de fantasía y responsabilidad junto a Dunga y la hormiguita.
Este 20 de octubre, fecha en que se hace de público dominio esta obra dedicada a los niños de 6 a 99 años, nos sentimos racionalmente cuerdos, estupendamente firmes en la meta de contribuir con los fines de la literatura infantil y juvenil dominicana.
He sacado el beneficio de conocer la obra antes que a la autora, y me encanta, puesto que es la relación inicial del lector. He sabido correr ansiosa buscando autores de quienes sólo había leído fragmentos, un cuento, un artículo, en fin, una parte de su obra. Luisa Comarazamy me ha dejado la impresión de ser efectivamente orientada a la acción. Me identifico con ella. Nunca avanza la teoría si no hay acciones que la sostengan.
En más de una ocasión externé mi criterio de que la literatura infantil y juvenil tiene un propósito fundamental: entretener, que es lo mismo que divertir. Cada vez estamos más conscientes de que sólo la lectura que deja volar la imaginación, la que nos despierta el goce estético, la que nos muestra algo de lírica y nos emociona tras la combinación que despiertan las palabras en singular sentido, es la literatura válida. Ahora bien, es sabido que la LIJ tiene sus reglas dentro del género porque está predestinada a un público conformado con características y cualidades dadas. Esos seres en desarrollo son muchas veces tomados de pretexto para dedicarles obras que no les llegan al corazón, o a los sentimientos, porque tampoco les llegan a la mente racional.
Yo pienso que esto sucede cuando una obra no tiene calidad. Utilizo esta palabra expresamente porque a pesar de que siento al libro dirigido a los niños y a los jóvenes como algo que no puede considerarse un objeto de consumo, no puedo olvidar que estoy dentro de una sociedad regida por reglas y patrones y ciertamente por un mercado muy poderoso. Y es dentro de esta sociedad donde crecen nuestros niños y niñas.

Alberto Moncada
El sociólogo español Alberto Moncada, en su libro “Cultura de la solidaridad”, expresa lo siguiente: “Los niños de hoy aprenden pronto el valor del dinero, de la lucha por la vida, aprenden a ejercitarse en varias dinámicas del poder y, para colmo, una parte importante de la moderna pedagogía consiste en estimular la competitividad precoz. Yo creo que se hace inevitable un gran compromiso y una redefinición de la vida cotidiana”.

Y al redefinir la vida cotidiana, se hace evidente que debemos adoptar criterios unificados sobre los propósitos de la literatura infantil y juvenil que creamos.

En este sentido, yo me suscribo bajo los lineamientos de un autor japonés llamado Yasuke Teshima quien crea libros combatiendo la literatura infantil y juvenil insulsa. Estos son sus planteamientos, no textuales:
La LIJ está obligada a mostrar una vida cargada de sentido.
La LIJ tiene que transmitir a sus lectores entusiasmo, estímulos y confianza en la capacidad que todos tenemos de ser creativos a partir de nuestro autoconocimiento. ¿Por qué? Precisamente porque está dirigida a seres en formación, en desarrollo, en crecimiento, ¿y quién puede llegar lejos con pesimismo y falta de confianza, sin entusiasmo o fe en el porvenir brillante que merece?
La LIJ tiene el deber de transmitir valores que permitan a los niños y niñas hacer suya una idea total armónica y equilibrada del mundo que les pertenece.

Esto es parte de la nueva visión que toca hoy día a la Literatura Infantil y Juvenil. Si la vida cambia, el arte, expresión de la vida, CAMBIA con ella transformándose a sí mismo en lo que la Humanidad requiere a cada paso.

Todos los autores del género estamos insertos en esta observación de la vida porque está claro que el propósito de cada creador es llegar al corazón de sus lectores de las edades que sean.

Los adultos ponemos mucha de nuestra energía en formar a los niños bajo el régimen disciplinario que nos corresponde. Es un orgullo para nosotros mostrar la buena conducta de nuestros hijos como un logro que podemos exhibir. Pero esto no sería posible si cada madre, cada padre NO dedicara a sus hijos el tiempo que requieren para su formación.
Es muy contradictorio dedicar todo nuestro tiempo al trabajo, a las ocupaciones remuneradas, a los oficios que nos permiten sobrevivir y al mismo tiempo aspirar a tener una familia idónea. Es en este tiempo que surge el estilo de convertir a los maestros en padres, al servicio de la sociedad o en extensiones de nosotros mismos;  así  como a la televisión en sustituto-niñero. Una mezcla de los bueno y lo malo.
Muchos padres tienen soportes en sus iglesias. Hay una comunidad que ayuda a criar. Otros pueden contar con clases colaterales (yudo, karate, ballet, gimnasia… por ejemplo) que encierran una disciplina en particular y ayudando a mantenerlos ocupados. He leído que si un niño se forma en las artes, en los deportes, jamás podrá ser un adulto malo.
En fin, tal vez exista la suerte de insertar a los niños y niñas en instituciones como los Boys o Girls Scouts, quienes a través del escultismo, prácticas de campo, adquieren la educación en valores. Pero no estamos hablando de la generalidad.
Luisa Comarazamy ha reflexionado desde su posición múltiple de mujer, maestra, madre, educadora y psicóloga sobre la marcha de los niños en formación y nos regala esta elefanta Dunga, enorme en el espacio que da sombra a nuestros hijos e hijas. Una sombra que además de hacerles pasar un buen rato entretenido, les permitirá reflexionar sobre cosas tan cotidianas, pero a la vez tan difíciles, tan cercanas pero tan lejanas, como el amor, la paz, la paciencia, el respeto, la limpieza, la no violencia, la acción correcta. Valores y subvalores que sustentaron, sustentan y sustentarán a nuestra civilización y que sólo pueden transmitirse a través de vivencias. Detallados cuidadosamente después de cada relato para que no nos sintamos tan solos, tan confundidos o tan perdidos, en el difícil arte de acompañar el crecimiento de nuestros niños y jóvenes.
Utilizando en muchos de los doce relatos, el formato de la fábula, instrumento moralizante ideal desde todos los tiempos dando vida a estupendos personajes del reino animal. Luisa Comarazamy nos transmite sus historias interesantes colmadas en lecciones de vida.


Dunga y la hormiguita, eso está claro, nunca será un padre sustituto, pero muy bien cumplirá el papel en alguna que otra ocasión, llegando su mensaje como deben llegar las cosas, en el momento oportuno, cuando el niño está preparado para recibirlo. Entonces será imborrable en el corazón de niños y niñas ese valor y más aún en el corazón del infante que cada uno de nosotros lleva dentro.

Autora: Leibi NG.
Artículo publicado en el Suplemento de La Nación LECTURAS DE DOMINGO
el 7 de noviembre de 1999
Santo Domingo, República Dominicana.


sábado, 20 de septiembre de 2014

Ana María MATUTE: El género que se introduce*



Ella es la cuarta mujer que ingresa a la Real Academia de la Lengua Española, desde 1713. La primera se llamó Isidra Guzmán. La segunda fue Carmen Conde y la tercera Elena Quiroga.

Ana María Matute es la autora de “Primera Memoria”, de “Olvidado Rey Gudú”. Y “La torre vigía”, entre otras; la misma que afirma que la escritura es un oficio muy difícil “y quien diga lo contrario o miente, o es un genio o es un desastre”.

Ella dice: “Escribir es un descubrimiento diario a través de la palabra, es lo más bello y que se ha creado, es lo más importante de todo lo que tenemos los seres humanos”.

Nacida en Barcelona hace 72 años, Ana María Matute ha dedicado su discurso de ingreso a la Academia de la lengua, ni más ni menos que al elogio y defensa de la fantasía y la imaginación porque son la esencia de su obra.

Matute expresa que escribir como oficio es una forma social y política de protesta, además de método para sacar de uno mismo el malestar del mundo.

Fue durante su infancia que estalló la Guerra Civil española, lo que la deja marcada: -“Todo era injusto e incomprensible. El mundo no era tal y como nos lo habían explicado. Yo creo que nuestra generación dio tantos grandes escritores, porque fuimos víctimas de un trauma muy fuerte”.

Si se interpreta a la ligera, la siguiente declaración de esta escritora resultaría irrelevante, pero es esencial cuando observamos que toda su obra –reitero-, gira a torno a la fantasía y la imaginación: “Al contrario de los otros niños, empezó a gustarme ser castigada en el cuarto oscuro. Comencé a sentir y saber que el silencio se escucha y se oye, y descubrí el fulgor de la oscuridad, el incomparable y mágico resplandor de la nada aparente”.

O esta otra: “Así de reales eran aquellos mundos en los que me sumergía, porque los llamados cuentos de hadas no son, por supuesto, lo que la mayoría de la gente cree que son. Nada tienen que ver con la imagen que, por lo general, se tiene de ellos: historias para niños, al menudo estupidizadas y trivializadas a través de podas y podas “políticamente correctas”, porque tampoco los niños responden a la estereotipada imagen que se tienen de ellos”. “Pero en esas leyendas, en aquellos cuentos para niños que por otra parte, fueron recogidos por escritores de talla de Andersen, Perrault y los hermanos Grimm, por ejemplo, se mostraban sin hipócritas pudores las infinitas gamas de que se compone la naturaleza humana. Y allí están reflejadas, en pequeñas y sencillas historias, toda la grandeza y la miseria del ser humano”.

Para sembrar la reflexión, la búsqueda de una respuesta personal, debo hacer el paralelismo con un consagrado de las letras universales, el colombiano Gabriel García Márquez, quien declara en un extracto de entrevista realizada por Plinio Apuleyo y recogida en el libro “16 cuentos latinoamericanos”, lo siguiente: “Detestas la fantasía… ¿Por qué? –porque creo que la imaginación no es sino un instrumento de elaboración de la realidad. Pero la fuente de creación al fin y al cabo es siempre la realidad. Y la fantasía, o sea la invención pura y simple a lo Walt Disney, sin ningún asidero en la realidad, es lo más detestable que pueda haber, (…) porque tampoco a los niños les gusta la fantasía. Lo que gusta es la imaginación. La diferencia que hay entre la una y la otra es la misma que hay entre un ser humano y el muñeco de un ventrílocuo”. (Me encantaría que cada uno de los lectores me enviara su interpretación de esta frase. ¡Sera  fan-tas-ti-co!)

Ana María Matute, ahora en 1998, nos exhorta: “No desdeñemos tanto la fantasía, no desdeñemos tanto la imaginación, cuando nos sorprenden brotando de las páginas de un libro trasgos, duendes, criaturas del subsuelo.”
“No olvidemos (…) que la palabra descubre, desentierra del olvido o de la indiferencia futura aquello que nos hace distintos de las bestias (…) Ana María Matute se nos descubre como una defensora de leyenda de la unión mágica entre materia y espíritu, porque una no existe sin el otro y viceversa.

Por eso afirma: “La palabra es lo que nos salva. Pero no la poseemos sin más, para utilizarla como un instrumento; si la tenemos es porque la consagramos a la búsqueda sin fin de una palabra distinta, no común, laboriosa y exaltadamente perseguida, pero que tan simple, tan sencilla resulta cuando la hemos hallado.”

De muestra, este botón  extraído de la página 248 de  “La torre vigía”: “Contemple las lágrimas de todas las madrugadas de la tierra; y vi al dragón, y su lomo erizado de lanzas y guerreros (aquellos que venían de Septentrión): lanzaban un grito largo, que yo reconocía: un grito que no movía las hojas, ni los cabellos, ni las ropas de las gentes; al igual que otro viento, que ya nada podía contra mí. Los guerreros arrojaron al aire sus lanzas, que se perdieron, en oscura bandada, hacia las nubes. Luego, el dragón zozobro, y, al fin, se hundió definitivamente en el vasto firmamento. De forma que pude contemplar a mi pasado, a mi vieja naturaleza, a mis antiguos dioses, sueños y terrores, tragados en el olvido”.


Como es natural, las últimas palabras, las tiene en este caso, Ana María Matute y un tema que nos toca muy particularmente: “El niño es un ser solitario porque no pertenece al mundo de los mayores. Siempre digo y repito que el niño no es un proyecto de hombre, sino que el hombre es lo que queda de un niño, que es un mundo total y cerrado y redondo, y ahí no entra nadie más que su fantasía y otros niños. Los adultos no entran, y por eso es que es un ser solitario; no porque no pueda expresarse, que lo hace perfectamente con los suyos, y conmigo también. Yo me entiendo muy bien con los niños, no con todos, ¿eh? A algunos se les ve en los ojos lo que van a vender en cuanto puedan: esos no son niños. Hay gente que, aunque no lo parezca, no es niño nunca, y eso se nota después”.



Conozcamos a través de su obra a esta mujer (la única), que a los 72 años ocupa el asiento K de la Real Academia de la Lengua, quien nos conquista con segura sencillez y originalidad.

Por Leibi Ng
Publicado en La Nación, miércoles 19 de agosto de 1998

*MATUTE significa "tela o género que se introduce (contrabando). Hicimos una asociación con la Literatura Infantil y Juvenil como género que avanza lentamente en nuestro país.

Algunos links sobre Ana María Matute:
http://www.elnortedecastilla.es/20071122/mas-actualidad/cultura/premio-nacional-musica-200711221727.html
http://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/creadores/matute_ana_maria.htm